LINFEDEMA

DIAGNÓSTICO

 

El linfedema se puede diagnosticar muy fácilmente en los casos moderados a severos, conociendo la historia de cómo se presenta el cuadro (cómo y cuándo empezó) y un buen examen físico. Pero en los casos iniciales y leves se necesita un profesional con experiencia en el tema. El tipo de exámenes que te solicitarán para confirmar el diagnóstico depende de cada caso.

Junto con el diagnóstico el especialista definirá en qué grado de severidad te encuentras; a mayor grado, mayor riesgo de complicaciones, especialmente infecciosas, por lo que será necesario comenzar tratamiento lo antes posible.

TERAPEUTA

¿Qué debería hacer el terapeuta al momento de diagnosticarte?

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El terapeuta debe preguntar sobre los síntomas que hayas observado, como pesadez, dolor o hinchazón, así como cuando empezaron los síntomas y qué los desencadenó. Una buena pregunta sería ¿Qué pasa con el brazo, la mano u otras zonas afectadas del cuerpo, en situaciones en las que se aumenta la producción de linfa? por ejemplo, qué ocurre cuando haces ejercicio, cuando hace mucho calor, en relación a la actividad laboral o cuadros virales.

 

El terapeuta debe registrar los antecedentes personales incluyendo preguntas sobre el estilo de vida y el ejercicio, la nutrición y el peso. Esto se hace para conocer a la persona: ¿Es activa? ¿Hace ejercicio? ¿Tiene sobrepeso? ¿Tiene otros factores de riesgo de linfedema que no se relacionan con la causa que lo originó?¿Estos factores la ponen en un mayor riesgo de tener complicaciones del linfedema?

 

El terapeuta debe observar si hay cambios en la piel y en el tejido blando de la zona afectada. Debe hacer un examen manual (denominado “palpación”) para detectar indicios de fibrosis en el tejido bajo  la piel.

 

El terapeuta debe medir la circunferencia en distintos segmentos del miembro afectado, comparando siempre con la otra extremidad (sana). Por ejemplo, post cáncer de mamas se hacen varias mediciones de la circunferencia en mano, muñeca, antebrazo y la parte superior del brazo. Estas medidas se pueden comparar con las medidas de referencia que se deberían en las mismas partes de la extremidad antes de una cirugía. Un aumento de 2 cm o más indica la presencia de linfedema, según muchos especialistas. Si anteriormente no te tomaron medidas, el terapeuta debe usar el brazo no afectado como punto de comparación. Si tienes linfedema en el tórax, la mama o el torso se consideran otros signos ya que no se pueden tomar medidas.

 

El terapeuta quizás tenga que descartar otras causas posibles de los síntomas, como una recurrencia del cáncer, una trombosis venosa profunda (un coágulo de sangre) u otros. Es muy probable que sea necesario realizar estudios de imágenes, como una ecografía, una tomografía computarizada o una IRM para descartar estas otras causas.


Es posible que el terapeuta pida más análisis, según sea necesario, para diagnosticar el linfedema. Si bien las medidas de la circunferencia son el análisis más frecuente, puede ser que se usen otras herramientas para detectar cambios en la extremidad o la piel. 

A menos que se necesiten más análisis, el especialista puede realizar un diagnóstico, en la mayoría de las veces, en la primera consulta. Y puede plantear opciones de tratamiento.


El terapeuta es el que elabora un plan de tratamiento de acuerdo al tipo de linfedema que tienes, el cual puede ser leve, moderado o severo. (consulta la sección Tratamientos para el linfedema para obtener más información). Éste se coordinará de acuerdo a tus posibilidades de tiempo, traslado y recursos disponibles en el momento (recuerda que mientras antes se haga tendrás mejores resultados y menos complicaciones).

 

Después de la consulta, asegúrate de haber entendido por completo el plan de tratamiento y de programar una consulta de seguimiento.

a) Preguntar sobre los síntomas.

b) Registrar

antecedentes personales.

c) Observar

cambios en la piel y tejidos blandos.

d) Medir

circunferencia.

e) Descartar

otras causas posibles de los síntomas.

f) Puede pedir

más análisis.

PROCEDIMIENTOS

 

Para diagnosticar el linfedema se pueden utilizar las siguientes pruebas y procedimientos:

Examen físico y antecedentes:

Es un examen del cuerpo para chequear los signos generales de salud, incluso verificar si hay signos de otra enfermedad asociada. También se toman los antecedentes de los hábitos de salud del paciente, así como los antecedentes médicos de sus enfermedades y tratamientos anteriores.

 

En la primera consulta, es fundamental que se mida la circunferencia de la extremidad afectada; y estas mediciones deben tomarse siempre en los mismos lugares. Existen diversas formas de medición, lo importante es que los controles posteriores sean siempre con la misma cinta, en los mismos puntos e idealmente por la misma persona.


Es posible que se requieran exámenes complementarios. Éstos pueden ser útiles para confirmar tu diagnóstico y controlar la respuesta al tratamiento.

 

Es el examen de elección, por ser un examen no invasivo y de bajo costo que, asociado a la historia clínica y un buen examen físico, a veces basta para realizar el diagnóstico. Su único inconveniente es ser “operador-dependiente”, es decir, que requiere mucha experiencia por parte del profesional que la realiza.

 

 

Método que se usa para revisar el sistema linfático en busca de anomalías. Se inyecta en el cuerpo una pequeña cantidad de una sustancia radiactiva que fluye a través de los conductos linfáticos y que es absorbida por los ganglios. Se usa principalmente para diagnosticar ausencia o daño de los vasos linfáticos. Su inconveniente es ser invasivo y requerir de profesional experto, para no lesionar vasos al inyectar el medio de contraste.

 

Procedimiento que usa un imán, ondas de radio y una computadora para crear imágenes detalladas de áreas internas del cuerpo. Este procedimiento también se conoce como Imágenes por Resonancia Magnética Nuclear (IRMN). Su principal indicación es determinar si existen otras malformaciones vasculares asociadas y si hay compromiso de órganos vitales.

Imágenes por Resonancia Magnética (IRM):

Ecografía-Doppler

Linfocentellografía

Éstas son las mejores alternativas que existen al día de hoy, pero recuerda que la medicina avanza muy rápido y el día de mañana pueden aparecer mejores alternativas.

 

Los síntomas que informes cumplen una función muy importante a la hora de hacer el diagnóstico, al igual que la habilidad y la experiencia del especialista.

 

Encontrarás diferentes clasificaciones en el diagnóstico del linfedema. El consenso latinoamericano clasifica al linfedema según el nivel de severidad y síntomas en 4 grados, siendo el cuarto el más avanzado.


Si has tenido una cirugía que haya afectado tus ganglios linfáticos, se recomienda tener al menos una consulta anual con un especialista en linfedema con experiencia, para diagnosticar lo antes posible una aparición.

Sin embargo, puede ser que descubras que no es posible tener consultas regulares por una variedad de motivos; por ejemplo: debido al costo, la cobertura limitada o la falta de fácil acceso a un especialista. Y si sólo te extirparon un par de ganglios linfáticos y no tienes ningún otro factor de riesgo de linfedema, quizá simplemente decidas que no quieres gastar dinero o tiempo en este tipo de consultas. De todas maneras es importante que le pidas a tu médico tratante una evaluación más detallada para detectar un linfedema que puede estar apareciendo, en cuyo caso haz una consulta inicial con un especialista para que conozca tu situación y te indique la frecuencia de control.

 

Incluso si no tuviste una consulta inicial post tratamiento de cáncer o una cirugía importante, siempre debes buscar un especialista en linfedema de inmediato si tienes algún síntoma, independientemente de si es leve o de corta duración. El linfedema puede aparecer muchos años después de la causal.

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